Sonreir para vender

El otro día descubrí que por más años de ortodoncia no me gusta mi sonrisa. La siento forzada y es real cuando no la busco, cuando ella decide si aparece o no.

Dicen los que "saben" que una sonrisa sutil es la mejor arma para vender, pero cada vez que pienso en eso frente a un cliente todo sale forzado. A veces, he llegado a pensar que mi sonrisa no existe. Es una ilusión. Como si ella me dominara a mí.  En serio, para vender una sonrisa es demasiado. La sonrisa es para respirar o para amar, no para vender porque simplemente ella nos decide y se esfuma entre los dientes.

"Denme un celular y moveré al mundo"

Al parecer llevo semanas enojada con los medios electrónicos (aunque no pueda vivir sin ellos). Es extraño que con cada nuevo gadet la gente se revoluciona y si los básicos como el celular o el internet no te sirven se pierde la manera de comunicarse.

Llevo días esperando la llamada de una entrevista de trabajo y justo ayer se descompuso mi celular. Oh no, caos, puedo perder una oportunidad valiosa porque al rey teléfono se le ocurrió no tener señal y no hay nada que hacerle. Y ni modo, un aparato decidió por mí.

Admito que ayer, mi celular decidió mi plan de vida, había que ir hasta casa del demonio a arreglarlo con un tipo que casualmente se llama "Marco", esperar horas para que al final la resolución sea que el mágico aparatito decidió no tener señal y punto. Enrrutar uno nuevo, cambiar toda tu agenda de lugar y esperar que el nuevo decida no descomponerse en dos semanas. Ahora como bien decía Cortázar "tú no eres el dueño del celular, el celular es dueño de tu vida".

The Blackberry show (o el mal de la morita)

La onda de la Blackberry va en ascenso. Según esto todo se resuelve con esa maquinita y tus diez deditos. Pero la realidad es que ahora ya no eres tú el que controla al dispositivo móvil, el  dispositivo móvil te controla a ti.

De ser una inofensiva morita negra, la Blackberry se ha convertido en la ofensiva de todos los adictos. Los engaña haciéndolos sentir que ella es lo más útil que han encontrado en la vida y que todo se puede hacer a través de ella. Pero ¡oh sorpresa!, ella, la morita, cumple todos sus caprichos a través de los dedos de millones de personas.

No es casual que las malas lenguas cuenten que en los viejos viejos tiempos, la Blackberry era esa enorme bola que le ataban a los presos para que no se fugaran. Ey, portadores de Blackberries, ¿se sienten presos?, mándenme un mensaje a través de su Blackberry.

Telemarketing, extraño vicio

De verdad no entiendo cómo alguien decide hacerse "señorcito o señorita de Telemarketing". Son entes extraños que habitan entre las líneas telefónicas y la mayoría de las veces escuchan el mismo pretexto.

-¿Bueno?, ¿se encuentra la señorita Karin Paulina? o ¿Paulin Karina?, la llamo de seguros Bancomer para venderle lo mismo de siempre, eso que nunca me ha comprado...

-No no se encuentra, mmmh, habla su hermana perdida porque ella no le quiere contestar, llámela más tarde.

Y aún así llaman más tarde. No sé, tal vez el dicho de que el que persevera alcanza tiene algo de razón, ¿o no?

Extrañezas de la comunicación


Hoy en día, saberse comunicar es todo un arte. A veces es aprender a vivir en un universo insólito.

Ayer, intentaba llamar a una amiga, de ésas que tienen el celular último modelo pero nunca contestan. Le marqué a su casa pero nuestra heroica compañía de teléfonos cuestionó mi lógica: El número que usted marcó no existe, favor de verificarlo, gracias. A ver, a ver, vamos por pasos: el número que marqué no existe, ¿entonces cómo lo marqué? Y si no existe, ¿cómo lo verifico?  Todo un cuestionamiento existencial.

Le mandé un mensajito al celular pero obviamente ni le llegó. Nuevamente la presencia de la Ley de Murphy, porque eso de los mensajitos es todo un tema: para escribirlos se requiere una agilidad manual que ningún adulto mayor de 50 años podría adquirir, cuando te urge contactarte con alguien se te acaba el crédito y aunque tu celular esté descompuesto, el mensaje que siempre llega es el de tu jefe pidiéndote que te regreses a las diez de la noche, como por arte de magia.

Me impresiona cómo los teléfonos celulares y los medios electrónicos han cambiado nuestra manera de vivir. Puedes estar en una comida con amigos que no has visto en años, frente a frente, con los chismes que  ansiabas saber desde hace tiempo y si llega una llamada todo se paraliza. Tras el proceso de encontrar el celular dentro de la bolsa es indispensable contestar, sea quien sea, porque la curiosidad no puede esperar.

Estas extrañezas han logrado cambiar hasta nuestra forma de ligar y tener un date. Ya no hay manera de quedarse sentada esperando una llamada por horas en casa (aunque todas digamos que nunca lo hicimos). Tampoco los hombres pasan días frente al espejo practicando el ¿bueno?, ¿podría hablar con..? Ahora, es chamba de cinco minutos, agregas a la chica en cuestión en el Messenger y hasta ves sus fotos en Facebook. El emoticon es una manera de contacto y con sólo un click puedes bloquear a cualquier insistente. Además, con un solo vistazo sabes si la candidata está casada, divorciada, en búsqueda o en conflicto.

¿Quieres mostrarle tu talento o tus altos índices de popularidad? Sólo hay que enterarla de tu gran récord en el juego de la granjita o en tu conteo de besos. O por qué no, ¿quieres borrar a alguien de tu vida? Sácalo de Facebook.

Babel.net

Esto del Internet si no estás en onda, como bien decimos, no es nada fácil, hay que entrar en la Babel de los idiomas, aprenderse términos que cualquier día de la semana harían enojar a los abuelos de la Real Academia de la Lengua Española.

Ya no entras ni accedes, accesas. Si te urge encontrar a una persona, la solución es ver si alguien de tus contacts lo tiene; para enterarte de las últimas noticias al instante hay que seguir el Twitter, y ya sabes, si te taggean hay dos opciones: que te veas súper linda en esa foto o que te conviertas en el Shrek del Facebook hasta que taggeen a alguien más con una imagen menos favorecedora que la tuya.

Así que cibercuates, me desconecto. Pero cualquier cosa mándenme un mail (o escríbanme en mi muro o qué tal un comment en este blog).

Aprendiendo a escribir

Es como empezar de nuevo. Un lenguaje distinto. Pero qué chido.


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