Oleee...




                                                                         A ti, con todo lo que odio los toros

Esa tarde, en medio de la Monumental Plaza México sucedió. Después de gritos rosas el hombre cayó al suelo y el animal decidió torearlo. Dejando latidos vacíos. Poniéndole los cuernos a la vida y a la diferencia. Yacía el torero, en medio de la arena. Con todo y su fuerza, su cultura, su deseo de tauromaquia. La gente, paralizada, las voces se encimaban sin diálogo. La angustia corría y el toro estaba a punto de cortarle las orejas...

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