Passion Victim

El otro día me dí cuenta de que me estaba contagiando. De esa horrible enfermedad de hacer las cosas sin ganas, sin pasión o de menos creer que las hago.  De seguir a toda esa gente que amaría comprarse un violín, tomar clases de chino, ilustrar con acuarelas o leer poesía pero nunca lo hace, sólo lo ama en su mente, quiere de verdad pero en lo más recóndito de sus ganas de no hacer nada. Admití que es como autoengañarse, ir perdiendo poco a poco las viejas pasiones que nos hacían felices cuando creíamos en ellas. Cuando en verdad las cumplíamos todos los días, si es que alguna vez pasó. Odio pensar que seguimos esperando sentados a hacernos viejos y darnos cuenta que nunca compramos ese violín y que la poesía nunca llegó a leerse solita.
Hoy deseo que me caiga la pasión por lograr lo que quiero como un balde de agua fría. Que me despierte de ese tan repetido, invocado y asqueroso "me gustaría".

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