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Maldiciones

Macabro. Misterioso. Marcado.  Moribundo. Miserablemente muerto. Muerto.

¡Y esto suena aaaasí!

De pronto me detuve a pensar que esta gran, contaminada y realmente envidiable ciudad también se vive por sus sonidos. Creo que todos podríamos hacer un catálogo de ruidos, ruiditos y ruidotes memorables que hoy ya hasta nos pasan desapercibidos. Tal vez ya sea ruido blanco; pero la verdad es que a mis días los llenan de color.

Que comience el catálogo, porque esto suena aaaaasí:

-La primera joya es el tan mentado perifoneo de: ¡tambores,  refrigeradores, estufas, lavadoras, microondas o algo de fierro viejo que venda! Tambores como pa qué si ya con la repetición hacen el ruido suficiente. ¿Cuánto me darán por algo de fierro viejo que venda?

El segundo, pero no por eso menos clásico es el de los Tamales que ya tiene múltiples versiones. O el de los camotes que siempre intentábamos imitar en las clases de flauta de la secundaria.

Inolvidable, ¡el gaaaaaaaaas! en todas sus versiones y acepciones.

¿Qué tal el claxon de los peseros con su gama de opciones sonoras? Inolvidable "Tequila o la fiesta está en cada reversazo" o el tema del Padrino. Seguro, si Don Corleone hubiera escuchado su música en esa versión no hubiera dudado en dejar algunas cabezas de caballo en el asiento del conductor.

La lambada de los taxis en reversa, los voceros del súper, el vendedor de tortillas, el Gráááfico del metro: un manjar de sonidos que convierten a mi ciudad en la más maravillosa del planeta.

(Aquí va uno para que se inspiren)
http://www.youtube.com/watch?v=dIo1HVLkrbk

Directo al cristal


-Son como cristales que llenan tu cara. –Me dijo. Pero ésos no te cortan, sólo te recuerdan que te cortaste o que estás a punto de caerte a pedazos. Nacen, se deshacen, rozan tu piel por un momento y luego lo único que queda de ellos es la sal, reseca, rota. Cristales que filtran tu mirada para sólo dejarte ver donde te duele o marcarte una arruga infinita en la frente, ésa, la del espejo, convertida ya en un bache, en un agujero permanente que te grita que has pasado los años llorando. Que te pagaron por cada gota y que ahora estás dispuesto a pagar por seguirlo haciendo.

Insomnio

La aparición de la oveja negra le había quitado el sueño.

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